Con la camiseta puesta

Con Antonio Chamorro, presidente de Reddentis

Antonio es odontólogo, integrante del primer grupo que inició Reddentis. Con una extensa trayectoria entre la docencia, su consultorio particular y varios roles dentro de la cooperativa, repasa en esta entrevista los aspectos más importantes de su vida entorno a su trabajo.

Vive entre los barrios La Blanqueada y Larrañaga, pero prefiere resaltar que pertenece a este último a pesar de las dudas que existen sobre los límites. La razón: su pasión por el equipo aurinegro lo obliga a mantenerse en la vereda de enfrente del barrio de su tradicional rival. Nació en Salto y vivió en Bella Unión y Melo, pero esta última ciudad es la que guarda algo de su corazón y sus afectos.

Haciendo una retrospectiva ¿qué momento consideras que fue clave para definirte como odontólogo?

La decisión llegó al final de Liceo, pero no tengo muy claro que haya sido una decisión vocacional. Tengo algunos recuerdos que podrían servir a contestar la pregunta; lo primero que se me ocurre es que aquellos momentos había examen de ingreso en algunas Facultades y eso hacía que en algunas fuese más fácil acceder. Todo apuntaba a que iba a entrar a la Facultad de Veterinaria; yo era una persona del interior y me gustaban todas las tareas de campo. Era una carrera accesible porque en el examen de ingreso había más cupos que la gente que se presentaba.

La otra opción tiene más que ver con la situación que vivía en esos años, mi padre había muerto un año antes de terminar el Liceo, y él siempre decía que le hubiese gustado ser dentista. Creo que eso indirectamente terminó influyendo en mi decisión.

¿Hasta ese momento cuál era tu vínculo con la odontología?

En el interior no tenía ningún vínculo con un dentista. En mi ciudad había tres y yo no tenía ninguna referencia familiar ni de amistad con ninguno de ellos. Esto descarta que mi vínculo venga por ahí. Es más, mis recuerdos con los dentistas son malos, me llevaban obligado. Para que te hagas una idea en esa época era horrible en todo sentido ir al dentista porque vos tenías que destinar muchas horas; siendo un niño o adolescente eso era un castigo, te sentabas desde las 2 de la tarde y que te atendían a las 8 de la noche porque había pocos profesionales y todo un pueblo por atender. Entonces lo odiaba. Vos estabas sentado en el dentista y sabías que tus amigos estaban jugando al fútbol. Además, la experiencia de ir era terrible porque las anestesias eran bastante limitadas, no existían agujas descartables entonces las agujas eran mucho más gruesas, le teníamos terror…

Cuando te preguntan de dónde sos, ¿qué respondes?

Mi madre era jueza, entonces me moví mucho. Yo nací en Salto, después me fui a vivir a Bella Unión y luego a Melo. Yo siempre digo que soy salteño con corazón melense. A Salto no fui nunca más, y a Melo sigo yendo porque tengo algunos amigos y porque además pasé los mejores momentos de mi adolescencia.

¿Hasta qué edad estuviste en el interior?

Hasta los 14 años que me vine a Montevideo. Y ahí me quedé para siempre, en el mismo barrio, para siempre.

¿En qué barrio?

Yo estoy en el barrio… (se detiene y se ríe) en el límite entre Larrañaga y La Blanqueada. Yo estoy en la vereda de Larrañaga porque soy hincha de Peñarol. No quiero estar en La Blanqueada.

¿Entre tu etapa de niñez y adolescencia tuviste algún vínculo con el cooperativismo?

Me parece que lo más cercano con lo “cooperativo” que pude haber estado es el trabajo colectivo. Participe de todos los colectivos que había en el Liceo y también en Facultad donde entré al fin de la dictadura. Ahí estuve muy metido en la actividad gremial estudiantil.

¿Dónde haces bachillerato?

En aquellos momentos estuve un tiempo en el Damaso y luego en el Bauzá. Yo llegué a Montevideo para hacer 3º año, y lo hice en el Liceo 14.

Hiciste Biológico, pero pudiste haber hecho Medicina…

O Veterinaria… Pero finalmente me decidí por la Odontología, no sé si fue la cabeza adolescente que me hizo pensar que la carrera era más corta (que la de médico, por ejemplo). No sé. Tenía la posibilidad de hacer otras cosas, pero hoy no estoy para nada arrepentido de haber elegido la odontología.

¿Hubo algún momento que visualizas como “clave” durante la carrea y que te demostró que tu elección fue la correcta?

Se fue dando durante el proceso… Todas las personas que estudian algo relacionado a la salud en primero y segundo año tienen unas materias básicas y nulo contacto con pacientes. Cuando pasas esa etapa es cuando te das cuenta si la carrera es para vos. En mi caso, ni bien empecé a atender pacientes me gustó.

¿Cómo te iba en la carrera?

Me fue bastante bien, creo que nunca perdí un curso. Me atorranteaba un poco en los períodos de examen, no daba todo lo que tenía que dar. Me llevó seis años y algo en lugar de cinco, pero la llevé bien.

¿Hubo algún docente que influenció de manera distinta en tu perfil?

No se me ocurre un docente que me marcara categóricamente durante la carrera. Pero sí después, cuando fui docente de la clínica de radiología en la Facultad y ahí estuvo un docente importante para mí, que yo siempre digo que no me formó en la odontología sino en la radiología, pero además me marcó como docente y como persona, esa persona fue Eduardo Curuchet. ¡Era tremendo! No era odontólogo, era Médico. Grado 5 de Radiología en Medicina y en Odontología. Recuerdo que el hombre ya veterano, estaba medio enfermo, un poco porque había pasado mal en la dictadura, y nos hacía ir los sábados a mirar placas para aprender. Después me acuerdo de ir a su casa los sábados a estudiar, se había mandado a hacer un estante en donde apoyaba los libros y seguía estudiando y nos seguía haciendo ir a su casa a estudiar con él. Algo increíble. Así me formé y me capacité luego en la especialidad de radiología.

¿Cómo llegas a la radiología?

Me empezaron a gustar las clases y el obtener información de las imágenes. Básicamente eso. Había especialidades de la odontología, por ejemplo, la operatoria o la cirugía que eran más interesantes que la radiología, pero me terminó gustando más la interpretación de imágenes.

¿Trabajaste durante la carrera?

Sí, en la docencia. Arranqué como grado 1, ayudante de clase. Yo estaba en 3º e iba a entrar a 4º y ahí arrancó mi carrera docente. Dieciocho años trabajé en la Facultad, llegué a ser grado 3 interino. Después ya tenía el consultorio, los sueldos de Facultad eran irrelevante en cualquiera de la vida de los docentes, y a mi me pasaba que trabajaba todo el día y a la hora que tenía que volver a mi casa, tenía que ir a Facultad. Lo único que podía ofrecerle era el horario nocturno, y se me hacía muy cansador.

¿Y cuándo empezaste a hacer consultorio?

Armé mi consultorio particular y al año concursé en el Hospital Militar y entré. Estuve 22 años trabajando ahí y actualmente estoy retirado (se retiró en 2015).

Tuviste la oportunidad de ir al Congo como enviado militar, ¿cómo fue esa experiencia?

Lo del Congo fue una experiencia absolutamente maravillosa. En lo laboral hice todo lo que tenía que hacer, pero en realidad no te pasas todo el día trabajando, es más, de odontólogo trabajaba menos que acá. Hacía otras cosas, porque me manejaba bastante bien con el francés y entonces me nombraron oficial de relaciones públicas y tenía que vincularme con la gente de la zona. Cosa que me encantaba, con los lideres tribales, con los religiosos.

¿Te cambió en algo esa experiencia?

Sí, yo creo que sí. Empecé a valorar otras cosas, a veces uno corre atrás de cosas materiales que no son las importantes. Los congoleses a pesar de vivir en uno de los países más ricos del mundo en cuanto a los recursos naturales (tiene cobalto, cobre, uranio, oro, diamantes y petróleo), son muy pobres. Los habitantes tienen muchos problemas, siguen viviendo en el “África de Tarzán”. Pero también vi paisajes que nunca me imaginé, en estas misiones tiene la posibilidad de ver el África real, estar en el medio de la nada.

¿Y en la parte profesional que fue lo más enriquecedor?

Los odontólogos que vamos en esas misiones al Congo, no atendemos a los congoleses, la ONU no te deja atenderlos. Atendemos a los uruguayos y al staff de las Naciones Unidas… Desde ese punto de vista es más o menos lo mismo. Pero sí aprendí muchas cosas observando a la sociedad, por ejemplo, me sirvió para entender que el cepillado dental y esto lo puedo discutir con cualquiera, no es lo más importante de la salud bucal, lo más importante es la dieta. Los congoleses no consumen azúcar refinada en ninguna de sus comidas y por eso son cero caries. No saben lo que es un cepillo, yo les regalaba uno y no tenían ni idea para qué era. Pero sin embargo eran cero caries. Y eso porque no consumen azúcar, así que comprobé que la dieta es lo que más influye.

UNA COOPERATIVA ODONTOLÓGICA

¿Cómo nace la idea de hacer Reddentis?

Hay que hacer un poco de memoria porque este año cumplimos 22 años. Allá por el año 97 y 98 la Odontología se empieza a colectivizar. Aparece un sistema en el cual los pacientes pagan una cuota para tener determinada prestación, entonces las empresas que empiezan a surgir a partir de esto contratan odontólogos y les pagan bastante mal. En algún momento desde nuestro gremio, la Asociación Odontológica del Uruguay (AOU), dijimos por qué en vez de estar trabajando para gente que nos contratan no hacemos un servicio colectivizado nosotros. Y fue a partir de ahí que se empieza a estudiar la mejor forma jurídica, y de ahí surgió la cooperativa.

¿Cómo aparece el término “cooperativa” en esas primeras reuniones?

Uno siempre tiene en la cabeza de que lo cooperativo es la forma que realmente podemos ser iguales, donde todos podemos tener el mismo valor dentro de la empresa. Al surgir la idea desde el gremio de odontólogos, no hubo un precursor o un grupo impulsor, fue a partir de un llamado de la AOU para quienes quisieran participar de un servicio colectivizado. Ahí se inscribieron 800 o 900 odontólogos y en una Asamblea multitudinario se empezaron a definir un montón de cosas y entre alguna de ellas estuvo que la forma jurídica fuera una cooperativa.

¿En esos primeros años de gestación de la cooperativa cuáles eran los principales ejes de intercambio y discusión?

Recuerdo que discutíamos todo; la gestión, la forma de asistir, el organigrama… En ese momento, como te decía, había un auge de empresas de asistencia odontológicas colectivizados, básicamente dependientes de las emergencias médicas y mutualistas. Pero nosotros veíamos que la odontología seguía alejada de la gente. Entonces establecimos que íbamos a hacer una institución que se acercara a la gente, que se humanizara. Nos propusimos acercarnos a la gente incluso a aquellas personas que tenían serios problemas para pagar la atención. Eran años duros, de crisis económica, pero había odontólogos con muchas horas ociosas y con infraestructura instalada, así que construimos una red en la que cada odontólogo trabajando en su barrio y eso acercaba la odontología a la gente.

¿Se puede decir que Reddentis humanizó la odontología?

Dicho así suena muy presuntuoso… es lo que intentamos hacer desde el principio, generar un servicio en donde el paciente no sea un número, que no sea un servicio donde la persona llega y nos desconoce, pensamos en algo mucho más personalizado. Reddentis por su forma de trabajo, tiene las bondades de un servicio colectivizado porque es más accesible que una atención particular, pero además brinda la posibilidad de que el paciente puede elegir con quien atenderse.

¿Cómo se vinculan entre ustedes dentro de Reddentis?

Hoy a través de las redes sociales es bastante más fácil colectivizar las decisiones que se van a tomar para mejorar los servicios, los odontólogos inmediatamente se enteran. Además, todos estamos comunicados online con Reddentis, a través de un software exclusivo. Hoy sabes que determinado paciente tuvo tal tratamiento, su agenda, que se le hizo ya, que se le puede hacer, si viene derivado de otro especialista, todo viene de esa comunicación.

¿Qué significa para vos ser parte de Reddentis?

Para algunos de nosotros, para mi y otros compañeros, es ser parte de una familia. Desde hace muchos años venimos trabajando en diferentes ámbitos, en mi caso, he sido directivo, comisión fiscal, vocal, secretario, presidente, asambleísta, he estado en todos los estamentos. Todos con mucha pasión, con la camiseta puesta.

¿Cuándo se suma un nuevo odontólogo cómo incorpora los principios cooperativos?

Los odontólogos tenemos una gran contra y es que somos formados estrictamente para el trabajo individual. Entonces eso nos condiciona mucho al momento de trabajar con otro. Hay que tener una cabeza bastante clara de lo que es lo colectivo para poder participar realmente y con sentimiento.

Reddentis por estatuto es una organización abierta y eso es un diferencial con el resto de las instituciones odontológicas. En Reddentis, si querés ingresar, no hay problema es cuestión de arrimarse. Después nosotros siempre estamos haciendo llamados e intentamos que los odontólogos recién recibidos se incorporen a Reddentis.

¿Cómo es asimilado esto de participar y ser dueño?

A muchos les sorprende porque conocen las otras formas de trabajo y a muchos les sorprende que van a venir como dueños, con voz, con voto, otros lugares que trabajan no tienen esa posibilidad. Hoy nosotros no tenemos odontólogo empleado, todos los profesionales que participan (cerca de 200) son dueños, y todos tenemos los mismos beneficios y posibilidades.

¿Qué diferencia a Reddentis con otras organizaciones?

Para los usuarios hay un diferencial muy importante y es que no tienen que ir a un lugar específicos a atenderse. En nuestro caso el paciente elige del padrón de odontólogos con quien quiere atenderse y dónde. Si vivo en el Cerro me puedo atender en el Cerro si vivo en el Centro lo mismo. Puede pasar que vivo en el Cerro y me quiero atender en Pocitos. También se puede. Cada uno elige donde atenderse.