
Con Pablo Vico, odontólogo prostodoncista
Pablo Vico tiene 42 años y 3 hijos. Se recibió de odontólogo en 2006 y al poco tiempo ingresó a la Cooperativa Reddentis. Es Posgraduado en Periodoncia, Implantología y Trastornos Temporomandibulares y además es especialista en prostodoncia. Sus colegas hablan de él como un odontólogo joven, pero Pablo dice que ya no lo es tanto. Tal vez es su dinamismo y simpatía lo que hacen que cargue ese rótulo o tal vez sea porque es un entusiasta promotor del modelo cooperativo como el futuro de la odontología y eso es esperanzador.
¿Cómo fue tu primer vínculo con la odontología?
Mi mamá es dentista y yo podría decir que nací en un consultorio odontológico. Mi casa siempre fue un consultorio odontológico, mi tío es dentista, mi tía también lo es. Vengo de una familia donde la odontología siempre estuvo arriba de la mesa. Cuando era niño, hacía los deberes con los pacientes en la Sala de Espera. La Sala de Espera era el comedor de mi casa.
¿Esa fue razón suficiente para que eligieras tu profesión?
Yo decidí ser odontólogo en 4º años de liceo, pero se lo escondí a mi familia hasta que me hice bachiller. Fue durante un test vocacional que un docente me dijo: “vos tenés que dedicarte a una profesión que sea dinámica, que tenga una parte artística, una científica, una humana, etc…”. La odontología tenía todo eso.
¿Por qué te guardaste el secreto durante esos años?
No me quería dejar influenciar. Cuando me preguntaban les contestaba cualquier cosa. Pero yo ya lo tenía bien claro.
¿Y si no hubieses elegido la odontología qué otra cosa podrías haber hecho?
Pablo Vico es odontólogo. Nunca tuve dudas. De chico jugaba con las prótesis y las ceras, me hacía dientes de monstruo. Era algo que tenía muy incorporada.
¿Qué otras experiencias laborales tuviste?
Fui animador, trabajé en Colegios y en campamentos en la parte educativa recreativa. Pero después siempre odontología.
¿Con el cooperativismo tuviste alguna influencia en tu adolescencia?
No. El cooperativismo lo empiezo a conocer después, sabía que existía la Cooperativa Magisterial y nada más. En la Facultad milité mucho en el Centro de Estudiantes y eso puede tener algo de referencia. Fui delegado por la FEUU, fui consejero, claustrista. La Universidad me abrió la cabeza desde otra perspectiva, pero creo que el trabajo con el Centro de Estudiantes de Odontología fue lo que más me vinculó con lo participativo y lo sindical.
¿Eso te llevó a Reddentis?
Cuando Reddentis se fundó yo acababa de ingresar a Facultad de Odontología y tímidamente se empezaba a hablar de un nuevo modelo de atención odontológica. Puede ser que mi interés en lo participativo me llevara a Reddentis.
¿Cómo llevaste la carrera? ¿Eras buen estudiante?
La carrera me llevó 8 años, nunca perdí un curso pero sí algún examen. Teníamos un atraso curricular importante, soy de la época en que Uruguay destinaba a la educación el mismo presupuesto que Haití. Eso hacía las cosas más difíciles.
¿Cómo llevaste la carrera cargando esa “mochila” de tener una familia de odontólogos mirándote?
Me fue muy bien con la carrera, pero no por esa mochila. Los integrantes del Centro de Estudiantes teníamos un compromiso de ser los mejores estudiantes para ser el ejemplo. Fueron unos años muy lindos, la Facultad la disfruté un montón, fui al nocturno y me encontré con padres, madres, con compañeros que venían de otros contextos, otros sacrificios, eso me llevó a ser delegados porque el que tenía más tiempo era yo y los podía representar.
¿Qué momentos te marcaron en esos años de estudiante?
La primera vez que saqué un diente me sentí feliz, me encantó. Fue distinto porque hasta ese momento nos atendíamos entre nosotros [los estudiantes], pero cuando eliminé caries y tuve trato con los pacientes o la primera vez que di anestesia, todo eso me encantó.
Recuerdo algunos docentes, uno que me marcó a nivel universitario fue Álvaro Maia (que después fue decano), era un apasionado sobre la histología y nosotros éramos de primer año de facultad, fue alguien que me marcó mucho por su compromiso con la docencia.
Otra cosa que me acuerdo de la Facultad era como nos marcaban el cuidado con el paciente, no hacerlo doler, en la prolijidad, la limpieza, el tratar de no lastimarlo. Cada paso que hacías llamabas a alguien para ver si estaba bien. Era lindísimo… Hasta la hora de hacer una incrustación, no tallar de más para no hacer algo que no fuera necesario.
¿Cómo siguió tu vida luego de la Facultad?
El final de mi carrera coincidió con una pasantía de la Intendencia de Montevideo en un consultorio en José Pedro Varela, así que una vez que la terminé al otro día firmé el título. Ya no me quedaban exámenes.
El regalo que me hizo mi familia fue el equipo odontológico, lo armé en mi casa y ahí me hice el consultorio. Arranqué atendiendo a amigos y familiares y luego fui consiguiendo clientes a través del boca a boca.
En esos primeros años hice dos postgrados; de periodoncia y de implantes que me llevaron como 3 años cada uno. Lo que ganaba como odontólogo lo gastaba en los postgrados. Después me compré un motor de implantes y me iba a los consultorios de otros dentistas a poner implantes. Iba agarrando todos los laburos que surgían. Mi madre había dejado de hacer endodoncias y me los pasaba a mí. Hasta que un día decidí no hacerlos más y dedicarme a otras disciplinas.
Luego trabajé en mi propio consultorio con otros colegas, era lo que yo más quería porque la carrera nos forma de una manera muy individualistas, solo el dentista con el paciente y veía que las especialidades tenían que tener una mirada más integral. Eso creo que me permitió entender rápidamente la lógica de Reddentis.
¿Cómo llegás a Reddentis?
La primera vez que oí “Reddentis” fue porque un docente llegó tarde a la clase porque estaba en una Asamblea de Reddentis. Luego un docente de odontología social, el “Flaco” Gómez que fue fundador de la cooperativa, nos habló del cooperativismo y eso me quedó sonando.
Cuando finalicé la carrera empiezo a ver que el modelo odontológico marcaba todo lo mismo, y era un momento histórico distinto, el primer gobierno de Vázquez, el Sistema Integrado de Salud; entendí que era tiempo de hacer un cambio. En mi rol de militante estudiantil siempre hablábamos de que no debería haber una odontología A y B, y el modelo cooperativo era un buen camino para ese cambio.
Cuando entré a Reddentis, al ser recién recibido tuve la posibilidad de pagar solamente el aporte social, es unos de los beneficios que existe hasta el día de hoy… si sos recién recibido entras como si fueras un socio fundador y, además, en aquella época nos financiaba y podíamos arrancar un poco más tranquilos. Todo eso ayudó.
¿Cómo fueron esos primeros años como cooperativista?
En esos años no tenía muchos pacientes, tenía tiempo y necesitaba trabajar. Me acerqué a la cooperativa y de a poco me empiezan a llegar algunas urgencias y esa Unidad Reajustable que tenía que pagar por mes ya se pagaba sola porque me venía trabajo de la cooperativa… y luego empecé a participar, y a sumarme a las comisiones.
Después recuerdo que concursé (internamente) para ser urgencista; gané eso hizo que me involucrara mucho más. Recuerdo que en esa época teníamos un convenio con Casmu e íbamos a la casa de los pacientes, con una valija con un motor y le calmabas el dolor y volvías. Los viernes de noche recuerdo que había algunos que se sacaba la muela y se iban a bailar, aunque nosotros le mandábamos reposo.
Entraste muy joven, ¿cómo es el vínculo con el resto de los odontólogos con más trayectoria?
No era una cooperativa que se caracterizara por tener muchos jóvenes (soy el único de mi generación), hoy sigue siendo complicado, cada vez nos cuesta más agarrar a los gurises. Los fundadores de Reddentis tiene una cabeza más social, más de democracia y participación, viene con otra fuerza. Pero los jóvenes profesionales están cada vez más neoliberales, se olvidan el concepto de la odontología como un derecho. A veces se parcializa el derecho al trabajo y la salud; ahí es donde creo que el sistema cooperativo hace que esto se pueda volver a nuclear de una manera justa. Porque a veces se habla de la salud como un derecho, pero contratando a dentistas con salarios muy bajas, sin laudos, esclavos de los médicos, haciendo una odontología barata y berreta, o una salud totalmente elitista, en donde a un trabajador se le hace casi imposible hacerse un implante.
Entonces encontré que en Reddentis esto se intenta, con aranceles más económicos, que nos dejan vivir y a la vez podemos brindarle una atención de calidad al paciente. Yo no quiero una odontología mala para pobre ni cara para ricos.
¿Sería algo así como una odontología con ideología?
Estoy intentando ver a la odontología con una perspectiva distinta, yo aspiro a que Reddentis sea la fuente de trabajo puro de los odontólogos, que se expanda más y que seamos más porque sirve porque brindamos un buen servicio.
¿Cómo te ven tus colegas cuando hablás de esto?
A mí me ven como el joven de la cooperativa y tengo 42 años y tres hijos. ¡No soy tan joven! Parezco re viejo en lo que voy a decir, pero el modelo de profesionales es cada vez más individualista y sumamente comercial y neoliberal. No están saliendo con una cabeza integradora, los odontólogos que conocí picotean más de un lado al otro, son más producto de lo inmediato, no les importa a qué precio o si pagan poco. Tal vez no pasa solo en la odontología, pero es lo que tengo cerca.
¿Cómo encaras a un colega que quiere entrar a la cooperativa?
Lo primero que le digo es que va a ser dueño de su propio trabajo y de su vida. Acá tiene la posibilidad de trabajar en equipo y no estar solo. Tiene la posibilidad de aprender y también de desarrollar otras áreas. Porque se abren comisiones y te posibilita intercambiar con colegas que sino solo los encontrás en los Congresos.
La cooperativa no es un lugar que solo te va a dar pacientes, sino que es un lugar te podés desarrollar personal y profesionalmente. Además, les digo que podemos interferir en muchas partes de la sociedad generando cambios reales, haciendo la diferencia.
