
La saliva tiene una función vital en la integridad de los tejidos orales. Participa en la limpieza de residuos de alimentos y bacterias, amortigua los efectos dañinos de ácidos y bases fuertes, proporciona iones para la remineralización de los dientes, tiene poder antibacteriano, antiviral y antimicótico. Además, la saliva participa en la masticación y deglución, así como en el habla.
Dr. Enrique Rotemberg Odontólogo de urgencia y consultorio Red Dentis. Profesor Adjunto Cátedra de Fisiología de la Universidad de la República. Magíster en Ciencias Odontológicas por la Universidad de la República.

La saliva es el producto de secreción de las glándulas salivales principales o mayores (parótidas, submaxilares y sublinguales) y de glándulas salivales accesorias o menores (labiales, yugales, palatinas, linguales, faríngeas). Es una solución acuosa muy diluida (hipotónica) que contiene compuestos inorgánicos como electrolitos y compuestos orgánicos, especialmente proteínas.
El fluido oral o saliva total (o mixta) contiene además el exudado gingival crevicular, la flora microbiana bucal, células epiteliales descamadas y sustancias exógenas. El concepto tradicional limita la saliva a una secreción exocrina anexa a la porción inicial del aparato digestivo.
En la actualidad se reconocen en la saliva múltiples funciones asociadas a la masticación, formación del bolo alimenticio, deglución, gustación y fonovocalización. También contribuye a mantener la homeostasis bucal y la salud de sus tejidos. La secreción salival está bajo control del sistema nervioso vegetativo a través de sus divisiones sistemas simpático y parasimpático, mediante reflejos salivales autónomos. En condiciones basales (ausencia de estímulos asociados a la ingesta de alimentos), existe una secreción salival basal o de reposo que mantiene la boca húmeda y las membranas mucosas y piezas dentarias lubricadas.
La secreción basal mantiene un ritmo circadiano y es mínima durante el sueño. La secreción salival estimulada por la presencia de alimentos en la boca, la masticación y el gusto, aumenta el flujo salival. La saliva refleja el estado de salud general del cuerpo humano, puede ser una matriz biológica para la detección precoz de enfermedades o identificar la presencia de drogas. A diferencia de las muestras de sangre, las de saliva no requieren personal especializado para su recolección, el procedimiento no es invasivo ni doloroso, y casi no tiene posibilidad de adulteración o sustitución. La xerostomía o sensación subjetiva de sequedad bucal es un síntoma relatado por el paciente cuando el flujo salival se reduce a la mitad. Puede ocurrir en forma temporal relacionada con emociones (en individuos sometidos a estrés o en momentos de miedo), o en forma crónica.
Los factores predisponentes de xerostomía son el sexo femenino y la edad avanzada. Además, se encuentra asociada al consumo de ciertas drogas y fármacos, a enfermedades sistémicas como síndrome de Sjögren, diabetes mellitus, artritis reumatoidea, lupus eritematoso sistémico e infección por virus de inmunodeficiencia humana (VIH). También puede ser consecuencia de radioterapia de cabeza y cuello. Los fármacos que inducen xerostomía son ansiolíticos, antidepresivos, anticolinérgicos, antihipertensivos, neurolépticos, antiparkinsonianos, diuréticos y antihistamínicos, mientras que las drogas xerostómicas como efecto secundario incluyen a los opioides, las anfetaminas, junto al tabaco y el alcohol. Los signos de sequedad bucal son objetivos y se pueden manifestar en labios (figura 1), en lengua (figura 2) y en piso de boca (figura 3).
- Figura 1. Sequedad en labios
- Figura 2. Sequedad en lengua
- Figura 3. Sequedad en piso de boca
La saliva permite estimar el riesgo de las enfermedades bucales más prevalentes: caries y enfermedad periodontal, mediante la medición del flujo salival, la capacidad buffer del fluido oral, o el análisis microbiológico que cuantifica especies bacterianas cariogénicas como Streptococcus mutans o Lactobacillus y especies bacterianas asociadas a enfermedades periodontales como Porphyromonas gingivalis, Aggregatibacter actinomycetemcomitans, Prevotella, Eikenella y Capnocytophaga. El uso de la saliva como herramienta de diagnóstico posibilitaría la identificación y seguimiento de los trastornos no orales como neoplasias, enfermedades congénitas y metabólicas, metales pesados, medicamentos y drogas recreativas. El diagnóstico salival no invasivo podría proporcionar un método de detección rápido de la infección por COVID-19.
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